desconectados


 Cómo está el patio. 


Vivimos en un mundo donde las relaciones sociales han dejado de formar parte del ocio para pasar a formar parte de los deberes. 

Donde repetir mil excusas del tipo “lo siento, se me fue la olla y me olvidé de contestar” se ha vuelto el pan de cada día en la mayoría de realidades. 

Todos sabemos que no es así. Todos sabemos que cuando algo nos mueve no existen los olvidos, ni las excusas.


Tal vez estemos sobreestimulando tanto nuestra mente que ya nada parece lo suficientemente atractivo como para mover más de un dedo por ello.

Tal vez sea el fin de las sensaciones espontáneas, de esas que suben y bajan incontroladamente por tu cuerpo como una descarga eléctrica.

Tal vez estemos apagando el amor. 

Hablo por mi en primer lugar cuando digo que cada vez me apetece menos compartir y más guardar. 


Quizás por la incomprensión. 

Quizás por no sentirme rara. 

Quizás por pereza.


O quizás por todo lo contrario. 

Quizás por miedo a descubrir que soy una parte demasiado insignificante del planeta.

Quizás por miedo a ser la réplica de la réplica. 

Quizás por temor a no ser tan especial como pensaba. ¿qué estúpido, no?


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